12 jun. 2011

Arte, sensibilidad y locura...

Mi cabeza es un hervidero de imágenes. Ahí están pero de ahí han de salir. Esta vez no es nada racional, o tal vez sí… Pero siento una angustia en el pecho que me mortifica. La sola idea de no ser capaz de llevar a cabo mis creaciones me frena, quizás ésta es la parte racional que retrasa los pasos hacia mi creatividad.
He de lanzarme. Mi propia experiencia me ha demostrado que cuando así lo hago, los resultados son óptimos y yo misma me deleito con ellos. Sin embargo, hay ocasiones en las que me duele el pecho, creo que ahí se quedan atrapadas mis ilusiones impidiendo que sean ejecutadas por mis manos, y cuando mi intuición se rebela y me dice que tengo maña y sensibilidad para el “arte”, acuden a mí todas las cosas que quiero crear y de nuevo me invade algo así como un realismo ambiguo que lo único que consigue es inundarme de lágrimas.
De flotar en el paraíso del talento a caer en el mundo de la necedad y torpeza que mucho me dista de un futuro prometedor… Un día en el que la improvisación pudo haber sido majestuosa estuvo ausente, asimismo la previsión también falló el día anterior. No reconoces aquello que tú has hecho en ese rostro: no acerté ni en las formas, ni en los colores y qué menos, ni en los trazos…Tienes la sensación de saber menos ahora que hace ocho meses y las ganas de tirar la toalla recorren tu ánimo.
Dos días después, cuando me propongo crear proyectos más ambiciosos, sin ir más lejos retratos pictóricos, todavía tengo esa sensación. Sólo espero que los mares que hoy salen mis ojos a su modo de expresión, salgan de mis manos como material artístico.
Dicen que los artistas son sensibles y están locos… Ni modestia aparte ni falsa modestia, pero cuando el puntillismo de La Noche Estrellada se debate con el sfumato de la Mona Lisa, ¿qué lugar queda para la cordura?

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