3 oct. 2010

Mano, papel, tinta,,,

No me considero para nada una persona arcaica ni obsoleta en los diferentes pensamientos, ideas y aspectos de la vida, mas sí mujer clásica y gran amante de bellas tradiciones ancestrales y originales, sin dejar de admirar por ello los modernos y fantásticos avances tecnológicos.

Hoy, después de tres años ya, he vuelto a escribir una carta a mano. Esa gran olvidada, la correspondencia postal, aunque sin desmerecer las epístolas que se escriben con destinatario anónimo, o las que se meten en una botella y se lanzan al mar, o las que simplemente se escriben para una misma. Pero todas ellas impregnadas de palabras, expresiones, noticias que -quién sabe- algún día puedan ser leídas por segundas, terceras, infinitas personas.
Me parece, no lo niego, romántico... La idea del contacto total de una mano ejecutora y emisora con la combinación perfecta de los trazos que deja la tinta y el papel que los hace permanentes. Ese folio exento del roce químico de una máquina que dota a las letras de cuantiosas formas impersonales. Esa hoja que llegará cargada de emociones buenas, malas, tristes, dulces, y que posiblemente embarguen a su receptor de nostalgia y alegría.

A veces, en la mayoría de los casos, las palabras se las lleva el viento. En este caso éstas, las que se escriben, las que se tatúan son perennes. Se forjan para que perduren en el tiempo, y yo les hago honor con mi humilde blog y mis estimadas cartas a mano, renglón a renglón.

1 comentario:

  1. cuando llego por la noche de estar todo el día fuera ,lo primero que hago es mirar el buzón ,además no sé por qué no tengo nombre pero siempre me llegan las facturas...hace tanto tiempo que no me mandan una carta!!! imagina la cara del destinatario cuando ves una carta dirigida a ti!! qué pondrá? quién será? qué emoción!! totalmente de acuerdo es muy romántico y hay que recuperar de vez en cuando esa sensación. Ali

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