28 jun. 2010

Déjame olerte y te diré quién eres

Me encanta la comunicación, sea cual sea el tipo. A través de la palabra, de vivas miradas, la gestual, el lenguaje de signos, el idioma del tacto y del aliento, cualquier cosa, acción o hábito que transmita de forma rica y sutil alguna información, algún pensamiento, sentimiento, sensación o sugerencias dispares.

Sin ir más lejos, el olfato es un gran receptor de todas esas circunstancias, por lo menos el mío. No sé qué haría sin él, en esos momentos en los que, en hora punto o no, viajas en transporte público y llega a ti una ligera mezcla de lo que podría ser sudor, el aroma cañí de algún antro y un fétido y ascendente olor a pezuña de hobbit. Es ahí cuando, de forma disimulada, aproximo el antebrazo a mi rostro, a mi hocico para ser más exacta, e inhalo el propio efluvio de mi piel.
Y es que yo creo en el lenguaje de la piel, ya sea desnuda o aderezada con algún eau de toilette. No voy a negar que me fascina el mundo de los perfumes, es cierto, ¡me apasiona!, pero también es verdad que lo principal es la higiene. Un ambientador, un desodorante o una colonia pueden disfrazar la falta de ventilación y limpieza en caso de hogares o de aseo en lo físico, pero no es suficiente, ni lícito.
Me viene a la cabeza, mejor dicho, a la nariz, el caso de una chica que durante una temporada desprendía un hedor propio de un pobre vagabundo que no tiene medios para una higiene adecuada. Tal era su pestilencia, que no sabía si venía de los pies, de no lavar la ropa o de su nulo aseo personal, quizás una mezcla de todo. Me sorprendía mucho, muchísimo que así fuera, no daba crédito. Por los tiempos que corren, por su edad, o sencillamente por su condición de mujer!, ¿cómo era posible?. Llegué a pensar, por confiada y cándida, que podía tener alguna enfermedad que se lo produjera.., pero no, la peste era por sus cualidades. Éstas eran el desorden, el caos, la falta de pulcritud y esmero tanto en su imagen, como en su mesa de trabajo y como en su casa. Lo cual pude comprobar in situ. Sin duda, el lenguaje "corporal" ya me había advertido de todo ello.
En situaciones más amenas, lo que te puede transmitir una piel, debidamente limpia y por qué no, perfumada, son emociones, y deseos que no sabes dónde te van a llevar, de risa... Recuerdo, con un sonrisa en los labios, una historia de juventud con un chico. Estuvimos saliendo poquito tiempo, la verdad es que era buen chaval, pero acabé rompiendo con Jaume porque seguía enamorada de mi primer amor y sentía que no era justo. Un fin de semana coincidimos en la discoteca del pueblo, cómo no?, la única del municipio y a los 16 años... Jaume me ofreció bailar las lentas, nombre del momento de 20-30 minutos de baladas que sonaba entonces en las discos, y acepté. Entonces sucedió, con la cercanía de su torso y cuello a mi cara, empezaron a hacer acto de presencia en mi nervio olfativo una frescura estimulante dada por cítricos, paulatinamente arribaban notas de lavanda, estragón, cardamomo, para finalmente quedarme prendida del sándalo y la pimienta. La aleación perfecta para hacer de Jaume un chico con estilo particular y personalidad naturalmente masculina, que en ese momento se me hizo irresistible y me guió a pedirle salir. Aquello fue fruto de su piel y mi nariz, porque poco tiempo después acabé rompiendo de nuevo. Pero tiene pitorreo la situación, todavía me río de mí misma. Y desde entonces, aquélla es una de mis fragancias favoritas de hombre, Dolce & Gabbana Classique.


En definitiva, hay muchas maneras de darnos a conocer sin necesidad de abrir la boca. Mejor que seamos todos muy limpitos y el resto de datos que queramos ofrecer dependerán de otros muchos detalles, y el perfume es un arma de construcción masiva e inofensiva. Te puede embargar en experiencias distintas y divertidas.

1 comentario:

  1. JAJAJA yo tambíen sufri ese atentado a mi pituitaria, y no podia haberlo expresado con más intensidad, hasta me ha parecido olerlo en la lejania.... un beso!!!

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