9 feb. 2011

Scale di fiori


Recordaba perfectamente aquella escalera, pero la visualización de ese recuerdo sólo aparecía efímera en momentos oportunos. Esa noche fue distinta. La larga escalera barroca se presentó ante sus ojos a través de la pantalla del televisor, con ella, sus 90 peldaños envueltos de ornamentos en flor, de arte y creación a base de maderas, papel y primavera. La escalinata conducía al templo de estilo románico sobre el que se comenzó a construir la catedral gótica tres siglos después. Y así, casi dos años después, esa contemplación fugaz pasó a ser una prolongada reconstrucción de retratos. Fotografías que Carlo tomó de Leonor y ella de él. Imágenes que le servían para rebrotar todo lo que un día le hizo sentir. Al lado de Leo no tenía cabida la extenuación ante los noventa escalones. Los dedos de Carlo vestían la piel de ella, sin dar lugar a irresistibles cosquillas, más bien su dermis se sentiría desnuda sin ellos. Sin embargo, como la más bella flor es perecedera, aquella representación sólo fue una evocación, la escalera ya no era la misma, él y ella tampoco.

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